martes, 16 de junio de 2015

¡Devuélvanme mi Marraqueta!

¡Devuélvanme mi marraqueta!


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Hoy después de mucho tiempo pude ver de nuevo una marraqueta en mi plato. La tomé, aunque no muy convencida, examinando sus partes, su textura, su presencia tosca. Una vez entre mis dedos, me preparé para escuchar la dulce melodía del crujir de su corteza. Para mi sorpresa no escuché nada. Sólo mis intentos desesperados por partirla y masticar lo que, después de algunas horas se había convertido en una masa chicloza. Entonces, me dije a mi misma ¡Esta no es mi marraqueta!

Históricamente la marraqueta es un patrimonio nacional. Este pan de batalla, horneado en sus inicios para ser enviado a los combatientes de la guerra del Chaco, lleva tantas generaciones con nosotros que despedirnos de ella sería una tragedia. Sin embargo, su emblemática característica no puede ser escudo de la mala calidad.

Creo que para muchos de nosotros es evidente que el verdadero problema, más allá de que el precio o no de este pan suba, es la necesidad de tener un producto de calidad, cuya producción no sea dudosa y que realmente cubra nuestras necesidades. Si vamos a pagar más, pidamos recibir más.

Manifiesto

Quiero que me devuelvan la marraqueta, pero no cualquier marraqueta. Quiero que me devuelvan el pan que era más grande que la palma de mi mano. Quiero una marraqueta que cuando la parta, sin importar que hayan pasado tres horas desde que la compré cruja y sepa a pan fresco. Quiero una marraqueta de cuya inocuidad no tenga que dudar. Quiero una marraqueta que, aun costando 50 centavos más, sea un pan de verdad.

Propuesta

A través de ensayos de prueba y error, podemos identificar los lugares donde hay marraquetas que valen su precio. Vayamos a los barrios y encontremos la mejor. Compartamos con otros nuestra buena experiencia y así aplaudamos en el anonimato a los pocos panaderos que aún nos dan una marraqueta de verdad.


También es nuestra responsabilidad exigirlo, no esperemos que lo hagan por nosotros. ¡Salvemos la verdadera marraqueta!